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La heroína de la sonrisa.

Otro día más, otra mañana en la que te tienes que levantar temprano y comenzar a trabajar.
Suena tu despertador, ese sonido tan peculiar que amas y odias a la vez, lo apagas pero sabes que si te quedas en la cama cuando vayas a levantarte será muy tarde. Te levantas y vas al baño, miras tu cara y piensas lo mismo que todas las mañanas "quizás si me lavo la cara y me arreglo un poco, deje de parecer un orco salido de Mordor". Desayunas, como todas las mañanas, escuchando las noticias matinales (siempre son malas, excepto la subida de temperatura porque se acerca el verano), vas a tu armario y sacas tu uniforme de trabajo.
- Siempre he pensado que este uniforme de trabajo es algo ridículo, pero una vez que me lo coloco, parece que cambia un poco su aspecto, o el mio.
Todas las mañanas el mismo pensamiento frente al espejo. Solo te queda rociarte el cuello con un poco de perfume de Jazmín y lista para salir a trabajar.

Tu trabajo es el más importante de todos porque sin él, nadie podria sobrevivir a este mundo... 


... porque nadie sería capaz de sobrevivir sin LA HEROÍNA DE LA SONRISA. Esa eres tú, la chica que jamás pierde su sonrisa, la alegra las mañanas al señor de la tienda de verduras, a la peluquera de la esquina, al barbero que trabaja enfrente de la frutería, a los niños que se cruzan contigo cuando van al colegio, a los profesores que salen de la cafetería recien desayunados... Porque gracias a tí, el mundo gris en el que vivimos poco a poco se llena de colores... 

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Sé feliz.

No te fíes de todos aquellos visionarios que hablen de la vida sin caballos galopando en su mirada. 

Ni escuches a quien no alce la vista de vez en cuando para mirarle las bragas a una estrella. No verás a ninguno de ellos llorando de emoción tras un orgasmo por una canasta sobre la bocina del eterno segundón. Sigue el ejemplo de los locos necesarios que se abrochan a la vida cuando quitan un botón, de los que encuentran a Dios al abrir tu cremallera. 

Síguelos a ellos. A los que piensan que solo el amor puede hacer que lo imposible se vuelva a repetir. A los poetas que saben que quien tiene un lápiz tiene un paraíso en el bolsillo. Sigue solo a esos. A los que buscan la hermosura en la niebla de un poema. A aquellos que cuando tocan una piel comprenden todo.

Y huye. Huye de quien tenga tanta razón que nunca tenga nada. De aquellos que jamás dudan, porque estarán mintiendo. Huye de quien no crea que un Lunes tiene un callejón hacia el Nirvana. De todo aquel que no considere que hay niños…

Y por eso esta letra te canto...

"Hoy me la crucé, con su agobio y sus prisas, que ya de temprano esa es su premisa.
Tobogán de emociones. Ahora sol, ahora sombra.
Y aunque el mundo te pide que seas superwoman, a veces caes a la lona.
Mujeres rotas, sin desconsuelo, siempre a merced del aguacero. Coraza en pecho y alma de mártir. Por fuera fuerte, por dentro frágil.
Y ten estudios. Cuida esos kilos de más. Y ten trabajo y no seas mala madre, que para ti esta despiadada sociedad pide el doble que otros hacen...
Son mujeres que caminan sin saber a donde caminar. Un refugio van buscando en la forma de un abrazo cuando ya no pueden más. Olvidaron de quererse que no hay tiempo para ti. Son tus sueños la utopía en un tren de cercanías que no va a parar aquí. Aun recuerdo cuando eramos chiquillos, esas tardes que hablabas del destino, donde no había ni planchas ni niños ni caminos malditos.
Y aunque sé que me quieres y te quiero, que culpable amor mío me siento."
Tino Tovar - Comparsa El Creador


Lo que Madrid me enseñó.

Odié la ciudad y sus prisas. Odié la ciudad y su cerveza (¿cómo puedes beber eso?). Odié el frío y la ciudad. Odié la ciudad y sus robos. Odié la ciudad y lo grande que esta era. Odié la ciudad y ella me hizo crecer, sobreviviendo. 
Hoy, echo la vista atrás y solo me queda sonreír por todo lo que he vivido. 
¿Siendo sincera? Ha sido un año perrísimo. He tenido días en los que abandonar era mi primera y única opción. He tenido días en los que el miedo me dejaba paralizada entre las cuatro paredes que forman mi habitación. He tenido tanto días de lágrimas que ya he olvidado los motivos por los que lloraba. 
Me quedo con todo el sufrimiento, los días malos y las lágrimas. Me quedo con todos los días en los que he deseado estar en casa, con los míos, cerca y no tan lejos. Me quedo con los días en cama, con fiebre, jaqueca o dolor de ovarios, esos días en los que no había nadie cerca que viniese a darme una pastilla (o un abrazo). Me quedo con su inseguridad, sus tres intentos de robos y …