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Mi infancia y la infancia de muchos.

De Disney aprendí que merece la pena luchar por tus sueños, a pesar de que parezcan imposibles. Aprendí que no puedes fiarte de cualquiera y si es un calamar gigante que se llama Úrsula menos. Aprendí lo que es el amor verdadero, como los principes luchaban contra malvadas, dragones y miles de impedimentos para llegar hasta su amada princesa y despertarla con un dulce beso. Aprendí como los verdaderos amigos, a pesar de todas las cosas malas que hayan podido pasar, siempre estarán ahí dispuestos a romperse un brazo por tí. Aprendí que el polvo de hada te ayuda a volar, pero lo esencial es pensar cosas bonitas. Aprendí que el hecho de no tener dos hermosas piernas, no te va a impedir casarte con el principe. Aprendí que las mentiras no me ayudaran a solucionar nada, de hecho me menteran en mas lios. Aprendí a que las apariencias son solo... eso, apariencias. Aprendí que los soñadores somos los que movemos el mundo. Aprendí a vivir sonriendole al mundo a pesar de todos los problemas que me rodean. Aprendí a ser la chica luchadora que no está dispuesta a abandonar sus sueños por mucho que la gente intente que me rinda.
A mí aún me gusta sentarme con mi madre o mi hermano pequeño a ver películas Disney.
Y ahora, después de todo lo que he dicho, es cuando todos me llaman infantil, inmadura y una serie de sinónimo de estas dos palabras...

Pero me da igual, porque yo CRECÍ CON DISNEY y ojalá en un futuro, mis hijos puedan decir que ellos también crecieron con Disney. Porque sé que todavia hay mucha gente (mayor) que se sigue emocionando cuando ve la muerte de Mufasa, cuando Simba se enamora de Nala, cuando el principe le pone el zapatito a Cenicienta, cuando la Bestia se convierte en principe o cuando Ariel recupera su voz.



Gracias Sr. Disney



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Sé feliz.

No te fíes de todos aquellos visionarios que hablen de la vida sin caballos galopando en su mirada. 

Ni escuches a quien no alce la vista de vez en cuando para mirarle las bragas a una estrella. No verás a ninguno de ellos llorando de emoción tras un orgasmo por una canasta sobre la bocina del eterno segundón. Sigue el ejemplo de los locos necesarios que se abrochan a la vida cuando quitan un botón, de los que encuentran a Dios al abrir tu cremallera. 

Síguelos a ellos. A los que piensan que solo el amor puede hacer que lo imposible se vuelva a repetir. A los poetas que saben que quien tiene un lápiz tiene un paraíso en el bolsillo. Sigue solo a esos. A los que buscan la hermosura en la niebla de un poema. A aquellos que cuando tocan una piel comprenden todo.

Y huye. Huye de quien tenga tanta razón que nunca tenga nada. De aquellos que jamás dudan, porque estarán mintiendo. Huye de quien no crea que un Lunes tiene un callejón hacia el Nirvana. De todo aquel que no considere que hay niños…

Y por eso esta letra te canto...

"Hoy me la crucé, con su agobio y sus prisas, que ya de temprano esa es su premisa.
Tobogán de emociones. Ahora sol, ahora sombra.
Y aunque el mundo te pide que seas superwoman, a veces caes a la lona.
Mujeres rotas, sin desconsuelo, siempre a merced del aguacero. Coraza en pecho y alma de mártir. Por fuera fuerte, por dentro frágil.
Y ten estudios. Cuida esos kilos de más. Y ten trabajo y no seas mala madre, que para ti esta despiadada sociedad pide el doble que otros hacen...
Son mujeres que caminan sin saber a donde caminar. Un refugio van buscando en la forma de un abrazo cuando ya no pueden más. Olvidaron de quererse que no hay tiempo para ti. Son tus sueños la utopía en un tren de cercanías que no va a parar aquí. Aun recuerdo cuando eramos chiquillos, esas tardes que hablabas del destino, donde no había ni planchas ni niños ni caminos malditos.
Y aunque sé que me quieres y te quiero, que culpable amor mío me siento."
Tino Tovar - Comparsa El Creador


Lo que Madrid me enseñó.

Odié la ciudad y sus prisas. Odié la ciudad y su cerveza (¿cómo puedes beber eso?). Odié el frío y la ciudad. Odié la ciudad y sus robos. Odié la ciudad y lo grande que esta era. Odié la ciudad y ella me hizo crecer, sobreviviendo. 
Hoy, echo la vista atrás y solo me queda sonreír por todo lo que he vivido. 
¿Siendo sincera? Ha sido un año perrísimo. He tenido días en los que abandonar era mi primera y única opción. He tenido días en los que el miedo me dejaba paralizada entre las cuatro paredes que forman mi habitación. He tenido tanto días de lágrimas que ya he olvidado los motivos por los que lloraba. 
Me quedo con todo el sufrimiento, los días malos y las lágrimas. Me quedo con todos los días en los que he deseado estar en casa, con los míos, cerca y no tan lejos. Me quedo con los días en cama, con fiebre, jaqueca o dolor de ovarios, esos días en los que no había nadie cerca que viniese a darme una pastilla (o un abrazo). Me quedo con su inseguridad, sus tres intentos de robos y …