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Revista Marie-Claire octubre de 1960

Me gustaría mucho ser una buena actriz, una actriz de verdad. Y también me gustaría ser feliz, pero ¿quién lo es? Creo que intentar ser feliz es casi tan complicado como intentar ser una buena actriz. Ambas cosas cuestan trabajo.
Cuando más me acerco a la felicidad es cuando consigo ciertas cosas en mi trabajo. Pero eso es algo que sólo sucede en momentos concretos. En general, no soy feliz. Supongo que en términos generales lo que me siento es desgraciada. No separo mi vida personal de la profesional. He descubierto que cuando más me implico personalmente en mi trabajo, mejor resulta.
El amor y el trabajo son las dos únicas cosas que de verdad tienen importancia. En realidad, lo demás es irrelevante. Todos necesitamos las dos cosas: tener la una sin la otra no es lo mismo. Mientras trabajaba en la fábrica me sentía orgullosa de hacer las cosas bien, de realizar un trabajo perfecto, tan perfecto como me fuera posible. Y cuando soñaba con el amor, era lo mismo: tenía que ser tan perfecto como fuese posible.
Aunque me gusta estar con gente, hay ocasiones en que me pregunto hasta qué punto soy una persona sociable. Puedo estar sola; no me preocupa. No le doy vueltas: es como un descanso, una especie de reconstituyente. A los seres humanos, o al menos a mí, les pasan dos cosas: quieren estar a la vez solos y acompañados. Yo tengo un lado triste y un lado alegre. Es un verdadero problema ante el que me encuentro muy sensibilizada. Por eso adoro mi trabajo. Cuando estoy contenta con él, soy más sociable; en caso contrario, prefiero estar sola. Y en mi vida privada me ocurre lo mismo.
Dado que sólo tengo treinta y cuatro años y aún me queda vida por delante, espero disponer de tiempo para llegar a ser mejor y más feliz, tanto vital como profesionalmente. Ésa es mi única ambición. Puede que lleve mucho tiempo, porque soy lenta. No pretendo decir que sea el mejor método, pero no conozco otro, y además me da la sensación de que, a pesar de todo, la vida aún tiene cosas que ofrecerme.



Marilyn Monroe (1926-1962)


me gustaría decir algo sobre estas palabras que dijo Marilyn, pero me siento tan identificada que es como si ella hubiese hablado por mi.

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Sé feliz.

No te fíes de todos aquellos visionarios que hablen de la vida sin caballos galopando en su mirada. 

Ni escuches a quien no alce la vista de vez en cuando para mirarle las bragas a una estrella. No verás a ninguno de ellos llorando de emoción tras un orgasmo por una canasta sobre la bocina del eterno segundón. Sigue el ejemplo de los locos necesarios que se abrochan a la vida cuando quitan un botón, de los que encuentran a Dios al abrir tu cremallera. 

Síguelos a ellos. A los que piensan que solo el amor puede hacer que lo imposible se vuelva a repetir. A los poetas que saben que quien tiene un lápiz tiene un paraíso en el bolsillo. Sigue solo a esos. A los que buscan la hermosura en la niebla de un poema. A aquellos que cuando tocan una piel comprenden todo.

Y huye. Huye de quien tenga tanta razón que nunca tenga nada. De aquellos que jamás dudan, porque estarán mintiendo. Huye de quien no crea que un Lunes tiene un callejón hacia el Nirvana. De todo aquel que no considere que hay niños…

Y por eso esta letra te canto...

"Hoy me la crucé, con su agobio y sus prisas, que ya de temprano esa es su premisa.
Tobogán de emociones. Ahora sol, ahora sombra.
Y aunque el mundo te pide que seas superwoman, a veces caes a la lona.
Mujeres rotas, sin desconsuelo, siempre a merced del aguacero. Coraza en pecho y alma de mártir. Por fuera fuerte, por dentro frágil.
Y ten estudios. Cuida esos kilos de más. Y ten trabajo y no seas mala madre, que para ti esta despiadada sociedad pide el doble que otros hacen...
Son mujeres que caminan sin saber a donde caminar. Un refugio van buscando en la forma de un abrazo cuando ya no pueden más. Olvidaron de quererse que no hay tiempo para ti. Son tus sueños la utopía en un tren de cercanías que no va a parar aquí. Aun recuerdo cuando eramos chiquillos, esas tardes que hablabas del destino, donde no había ni planchas ni niños ni caminos malditos.
Y aunque sé que me quieres y te quiero, que culpable amor mío me siento."
Tino Tovar - Comparsa El Creador


Lo que Madrid me enseñó.

Odié la ciudad y sus prisas. Odié la ciudad y su cerveza (¿cómo puedes beber eso?). Odié el frío y la ciudad. Odié la ciudad y sus robos. Odié la ciudad y lo grande que esta era. Odié la ciudad y ella me hizo crecer, sobreviviendo. 
Hoy, echo la vista atrás y solo me queda sonreír por todo lo que he vivido. 
¿Siendo sincera? Ha sido un año perrísimo. He tenido días en los que abandonar era mi primera y única opción. He tenido días en los que el miedo me dejaba paralizada entre las cuatro paredes que forman mi habitación. He tenido tanto días de lágrimas que ya he olvidado los motivos por los que lloraba. 
Me quedo con todo el sufrimiento, los días malos y las lágrimas. Me quedo con todos los días en los que he deseado estar en casa, con los míos, cerca y no tan lejos. Me quedo con los días en cama, con fiebre, jaqueca o dolor de ovarios, esos días en los que no había nadie cerca que viniese a darme una pastilla (o un abrazo). Me quedo con su inseguridad, sus tres intentos de robos y …