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Encuentro con la señora Libertad.

Imagina que un día, al levantarte, todo está parado y no ves a nadie a tu alrededor. Intentas encender la luz, pero no funciona. Te encoges de hombros y sales a la calle. Allí está todo en orden, los coches bien aparcados, los escaparates bien ordenados, pero... no hay gente. Los supermercados están abiertos, y los bares, y las tiendas de moda, pero nadie despacha, nadie te vigila. Te frotas las manos de contenta y piensas que, por fin, puedes conseguir todo sin dinero. 
Por un momento echas de menos a tus amigos, pero sólo por u momento, porque piensas que ahora, con todas las cosas a tu servicio, puedes disfrutar de lo lindo. Entras en un discoteca y no hay nadie, no merece la pena estar allí solo. Empiezas a aburrirte y decides volver a casa a ver la televisión. Te acomodas en el sofá, pulsas el botón de la televisión, pero la pantalla permanece en negro.
Desesperada, te levantas, abres la venta y gritas en espera de respuesta, pero nadie te contesta. Te giras, dispuesta a volver al sofá con las lágrimas saltadas cuando te encuentras con una señora de unos 56 años, algo rellenita, que viste una especie de túnica marrón con adornos amarillos que está dejada caer sobre tu sofá. Te asustas, pero por una parte sientes alivio porque al menos no estás sola, y preguntas ¿quién es usted?
-Llevas toda la vida llamándome, tus llamadas constantes me han hecho la vida casi imposible, a todas horas pedias que viniese a verte y ahora que estoy aquí te agobias y rompes a llorar. Cualquiera acierta contigo, chica. Me llamo libertad.

¿Y tú, qué tipo de libertad deseas? La señora libertad sabe repartirse en justas medidas pero nosotros siempre exigimos más, sin saber el precio que conlleva el abuso de libertad.

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Sé feliz.

No te fíes de todos aquellos visionarios que hablen de la vida sin caballos galopando en su mirada. 

Ni escuches a quien no alce la vista de vez en cuando para mirarle las bragas a una estrella. No verás a ninguno de ellos llorando de emoción tras un orgasmo por una canasta sobre la bocina del eterno segundón. Sigue el ejemplo de los locos necesarios que se abrochan a la vida cuando quitan un botón, de los que encuentran a Dios al abrir tu cremallera. 

Síguelos a ellos. A los que piensan que solo el amor puede hacer que lo imposible se vuelva a repetir. A los poetas que saben que quien tiene un lápiz tiene un paraíso en el bolsillo. Sigue solo a esos. A los que buscan la hermosura en la niebla de un poema. A aquellos que cuando tocan una piel comprenden todo.

Y huye. Huye de quien tenga tanta razón que nunca tenga nada. De aquellos que jamás dudan, porque estarán mintiendo. Huye de quien no crea que un Lunes tiene un callejón hacia el Nirvana. De todo aquel que no considere que hay niños…

Y por eso esta letra te canto...

"Hoy me la crucé, con su agobio y sus prisas, que ya de temprano esa es su premisa.
Tobogán de emociones. Ahora sol, ahora sombra.
Y aunque el mundo te pide que seas superwoman, a veces caes a la lona.
Mujeres rotas, sin desconsuelo, siempre a merced del aguacero. Coraza en pecho y alma de mártir. Por fuera fuerte, por dentro frágil.
Y ten estudios. Cuida esos kilos de más. Y ten trabajo y no seas mala madre, que para ti esta despiadada sociedad pide el doble que otros hacen...
Son mujeres que caminan sin saber a donde caminar. Un refugio van buscando en la forma de un abrazo cuando ya no pueden más. Olvidaron de quererse que no hay tiempo para ti. Son tus sueños la utopía en un tren de cercanías que no va a parar aquí. Aun recuerdo cuando eramos chiquillos, esas tardes que hablabas del destino, donde no había ni planchas ni niños ni caminos malditos.
Y aunque sé que me quieres y te quiero, que culpable amor mío me siento."
Tino Tovar - Comparsa El Creador


Lo que Madrid me enseñó.

Odié la ciudad y sus prisas. Odié la ciudad y su cerveza (¿cómo puedes beber eso?). Odié el frío y la ciudad. Odié la ciudad y sus robos. Odié la ciudad y lo grande que esta era. Odié la ciudad y ella me hizo crecer, sobreviviendo. 
Hoy, echo la vista atrás y solo me queda sonreír por todo lo que he vivido. 
¿Siendo sincera? Ha sido un año perrísimo. He tenido días en los que abandonar era mi primera y única opción. He tenido días en los que el miedo me dejaba paralizada entre las cuatro paredes que forman mi habitación. He tenido tanto días de lágrimas que ya he olvidado los motivos por los que lloraba. 
Me quedo con todo el sufrimiento, los días malos y las lágrimas. Me quedo con todos los días en los que he deseado estar en casa, con los míos, cerca y no tan lejos. Me quedo con los días en cama, con fiebre, jaqueca o dolor de ovarios, esos días en los que no había nadie cerca que viniese a darme una pastilla (o un abrazo). Me quedo con su inseguridad, sus tres intentos de robos y …