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Empezando de cero

Se sentó en su nuevo escritorio y contempló la página en blanco que tenía delante. Era dífícil porque jamás había comenzado de cero, jamás había tenido que empezar a escribir un capítulo ella sola pero, ese era el momento.
Puso música y dió vueltas en su silla, no podía creer que todo lo que había soñado durante años lo estuviese viviendo ahora, en ese mismo momento.
Recordó el momento cero, en el momento en que empezaba...

*Recuerdos de Lunática* Se miró al espejo, sacó su mejor sonrisa ocultando sus miedo tras ella y se sintió preparada para empezar una nueva aventura, ella sola. Estaba nerviosa, le sudaban las manos y tenía mucho miedo. Su corazón latía tan rápido que cerró la boca por miedo a que este se le saliese, seguía teniendo miedo.
Sacó su mejor sonrisa y entró en el edificio, no iba sola, el miedo la acompañaba. Tropezó con un chico que estaba tan perdido como ella y los dos juntos buscaron sus destinos en una lista incomprensible. 
Llegó y en silencio miró fijamente la pantalla de su móvil, quizás ese no era el sitio para una lunática, y menos para una lunática asustada. Estaba sola y el miedo se estaba apoderando de ella, pero cuando menos se lo esperó se vio rodeada de gente en la misma posición que ella, con moviles y en silencio.
Una simple pregunta bastó para darse cuenta que SÍ, ese era su sitio, estaba rodeada de lunáticos, no era el bicho raro del edificio. Había encontrado a sus similares, al menos esa es la primera impresión que se llevó guardada en su bolso el primer día...

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Sé feliz.

No te fíes de todos aquellos visionarios que hablen de la vida sin caballos galopando en su mirada. 

Ni escuches a quien no alce la vista de vez en cuando para mirarle las bragas a una estrella. No verás a ninguno de ellos llorando de emoción tras un orgasmo por una canasta sobre la bocina del eterno segundón. Sigue el ejemplo de los locos necesarios que se abrochan a la vida cuando quitan un botón, de los que encuentran a Dios al abrir tu cremallera. 

Síguelos a ellos. A los que piensan que solo el amor puede hacer que lo imposible se vuelva a repetir. A los poetas que saben que quien tiene un lápiz tiene un paraíso en el bolsillo. Sigue solo a esos. A los que buscan la hermosura en la niebla de un poema. A aquellos que cuando tocan una piel comprenden todo.

Y huye. Huye de quien tenga tanta razón que nunca tenga nada. De aquellos que jamás dudan, porque estarán mintiendo. Huye de quien no crea que un Lunes tiene un callejón hacia el Nirvana. De todo aquel que no considere que hay niños…

Y por eso esta letra te canto...

"Hoy me la crucé, con su agobio y sus prisas, que ya de temprano esa es su premisa.
Tobogán de emociones. Ahora sol, ahora sombra.
Y aunque el mundo te pide que seas superwoman, a veces caes a la lona.
Mujeres rotas, sin desconsuelo, siempre a merced del aguacero. Coraza en pecho y alma de mártir. Por fuera fuerte, por dentro frágil.
Y ten estudios. Cuida esos kilos de más. Y ten trabajo y no seas mala madre, que para ti esta despiadada sociedad pide el doble que otros hacen...
Son mujeres que caminan sin saber a donde caminar. Un refugio van buscando en la forma de un abrazo cuando ya no pueden más. Olvidaron de quererse que no hay tiempo para ti. Son tus sueños la utopía en un tren de cercanías que no va a parar aquí. Aun recuerdo cuando eramos chiquillos, esas tardes que hablabas del destino, donde no había ni planchas ni niños ni caminos malditos.
Y aunque sé que me quieres y te quiero, que culpable amor mío me siento."
Tino Tovar - Comparsa El Creador


Lo que Madrid me enseñó.

Odié la ciudad y sus prisas. Odié la ciudad y su cerveza (¿cómo puedes beber eso?). Odié el frío y la ciudad. Odié la ciudad y sus robos. Odié la ciudad y lo grande que esta era. Odié la ciudad y ella me hizo crecer, sobreviviendo. 
Hoy, echo la vista atrás y solo me queda sonreír por todo lo que he vivido. 
¿Siendo sincera? Ha sido un año perrísimo. He tenido días en los que abandonar era mi primera y única opción. He tenido días en los que el miedo me dejaba paralizada entre las cuatro paredes que forman mi habitación. He tenido tanto días de lágrimas que ya he olvidado los motivos por los que lloraba. 
Me quedo con todo el sufrimiento, los días malos y las lágrimas. Me quedo con todos los días en los que he deseado estar en casa, con los míos, cerca y no tan lejos. Me quedo con los días en cama, con fiebre, jaqueca o dolor de ovarios, esos días en los que no había nadie cerca que viniese a darme una pastilla (o un abrazo). Me quedo con su inseguridad, sus tres intentos de robos y …