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Un par de medias rotas, amores de carretera y rock, por ejemplo.

Esa canción que suena mientras te observo. Desnudo y algo sudoroso aún, tumbado sobre la cama, desde la ventana en la que me dejo caer mientras calada a calada consumo mi cigarro. Esa sonrisa que me sacas con tan solo mirarme, la sabana que cubre mi cuerpo para no dejarlo al descubierto, a vista de todos.

Esa manera de hacer que me muerda el labio mientras imagino como sería recorrer tu cuerpo de nuevo. La ropa tirada por el sucio suelo de esa habitación de motel de carretera. No hay nadie fuera, pero prefieres conservar mi cuerpo como si de un trofeo se tratase, a salvo de miradas indiscretas, el amor de carretera es lo que tiene.

Saco la cabeza por la ventana para expulsar el humo de esa última calada, sé que odias que fume pero la ocasión lo merece. Me recoges el pelo para poder recorrer con tu boca mi cuello y mi espalda, sabes que me encanta. Quizás el rock no sea nuestra música favorita, pero el momento es el que elige lo que suena, está al mando de todo.

El viejo reloj que hay a la derecha de la puerta del cuarto de baño marca las 12 de la noche, pero sabemos que es más tarde… estúpido reloj, juegas con los sentimientos salvajes de una joven pareja. Supongamos que realmente son las 3 de la madrugada, la noche es joven como nosotros, no tenemos por qué irnos a dormir.

Lentamente vuelvo dentro, al calor de la habitación, al cuarto de baño; quiero quitarme el olor a tabaco porque sé que lo odias. Me sonríes desde la cama mientras te guiño apoyada en el marco de la puerta, dejo caer la sábana… las miradas indiscretas quedaron fuera. Me gusta tu camiseta por eso me la voy a poner, sé que el olor a tabaco es lo que odias pero yo amo el olor de tu perfume… una cosa compensa la otra, te debo una.

El ron nos espera, la música continua sonando y la noche aun es joven. Bailo delante del espejo al ritmo de la música pero una guitarra interrumpe el movimiento de mis caderas, con el pelo suelto muevo la cabeza esta vez… siempre quise tocar la guitarra. Puedo oír tu risa desde el lavabo, no pares ahora. Salgo desfilando hacia la cama donde me pongo de pie y manteniendo el equilibrio, canto una letrilla que ni tú ni yo entendemos, esos detalles son los que no importan.

Busco el ron, está cerca y quiere ser bebido, es una súplica. Empieza una nueva canción y no puedo evitar saltar sobre el viejo colchón que hace poco sostuvo la pasión de dos jóvenes que no estaban enamorados pero sí que hicieron el amor. Estamos hablando de amor de carretera.

Mientras bebes, yo me miro en el espejo que hay en la parte derecha de la habitación. Mi barra de labios sigue intacta sobre la mesa, pobre necesita ser usada… Intento decirlo todo al mirarte, bueno da igual si no me has entendido ahora lo comprenderás todo cuando me dé la vuelta. Me he pintado los labios, claro.
Sorbos de alcohol y lujuria. Ahora me apetece marcar lo que de momento es mío, besos, tu cuerpo.

La noche es joven, nosotros también. El pecado es la tentación y nosotros sin ningún tipo de reparo volvemos a caer en ella, AC/DC manda esta noche y quienes somos nosotros para desobedecer a los reyes del rock. Hasta que la noche no se haga vieja y decida terminar, nosotros continuaremos con muestras de amor o locura en ese motel de carretera.



Ahora que hacemos, ¿salir de la mano? Que va. Lo mejor es que salgas tu primero y después saldré yo, tampoco tenemos que darle explicaciones a nadie. ¿El desayuno? Nada de traerlo a la cama, nos encontraremos de casualidad en una mesa para tomar ese café que una vez dejamos a medias… bueno ese no, mejor tomaremos uno nuevo, el medio café puede esperar. Nada de tabaco, fue suficiente ya. Vale, puedes quedarte mi camiseta yo tengo otra pero por favor, ponte unos pantalones, las sabanas no son de regalo.

Con gafas de sol y pose interesante pero casual le esperó abajo. Un cappuccino soluciono el desmadre de la noche anterior, solo necesitaba levantar el dedo meñique y no reír demasiado algo, los modales en la mesa cuando estamos en sitios públicos están sobrevalorados pero  es lo que hay. Cuando volvamos a estar a solas podremos romper unas cuantas tazas y gritar en la cocina, tranquilo no me asustaré y sé que tú tampoco lo harás. Tú volverás en tu coche pero primero me tendrás que dejar cerca de mi casa, actuaremos como si nada hubiese pasado pero ambos morimos de ganas de volver a escuchar rock en la habitación de un hotelucho de carretera a las afueras de un pueblo cualquiera. Pienso permitir que encuentres y memorices todos y cada uno de mis tatuajes mientras yo dejo marcas de pintalabios rojo por tu cuello y espalda, será nuestro secreto. Mañana yo seré Linda y tú serás Jack, no pienso traer ropa de más… solo lo justo para volver a casa con tu ropa.







Besos, de Andy o… era Betty (?)

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