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Me parece tan triste la sociedad en la que vivo...



Vivo en una sociedad donde dar muestras de cariño a gente desconocida tiene como consecuencia que esa persona espere que le pidas algo a cambio, que no se fíen de tu acto sin ánimo de lucro o que simplemente, rechacen esa muestra de cariño por temor. 

Vivo en una sociedad donde predominan las caras serias, las prisas y el mal humor. Faltan sonrisas desconocidas y miradas, más miradas... porque vivimos tanto tiempo mirando una pantalla de ordenador o una de móvil que olvidamos la belleza que pueden guardar unos ojos desconocidos.

Vivo en una sociedad donde abundan las quejas y me sorprendo cuando alguien me halaga, alguien desconocido obviamente. Aun no me he acostumbrado a que me miren mal cuando digo que me gustan pasear sola mirando a la gente, suena raro cuando lo lees... pero no es ningún plan psicópata, simplemente me gusta admirar la belleza de los pequeños detalles.

Vivo en una sociedad que no tiene tiempo para ser feliz (esto es lo más duro) no somos capaces de pararnos cinco segundos al día para reflexionar y sacar lo positivo de todo, por eso somos así... 

Vivo en una sociedad que necesita más felicidad, más personas que sonrían, más amor a cambio de nada... porque (aunque odio ponerme pastelosa y normalmente lo soy) el amor mueve el mundo.

Pero no pienso detenerme en mi labor por cambiar el mundo, poco a poco... sin prisas. 
Sí, llámame loca, tampoco me molesta, es la verdad. Hacer feliz a los demás es la base de mi felicidad por eso voy a continuar cambiando el mundo con mi diminutas manos... 


 





No todos son capaces de llevar a cabo un reto, y menos el reto de ser feliz... ¡SONRÍE, AHORA QUE HAS LEÍDO ESTO!


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Sé feliz.

No te fíes de todos aquellos visionarios que hablen de la vida sin caballos galopando en su mirada. 

Ni escuches a quien no alce la vista de vez en cuando para mirarle las bragas a una estrella. No verás a ninguno de ellos llorando de emoción tras un orgasmo por una canasta sobre la bocina del eterno segundón. Sigue el ejemplo de los locos necesarios que se abrochan a la vida cuando quitan un botón, de los que encuentran a Dios al abrir tu cremallera. 

Síguelos a ellos. A los que piensan que solo el amor puede hacer que lo imposible se vuelva a repetir. A los poetas que saben que quien tiene un lápiz tiene un paraíso en el bolsillo. Sigue solo a esos. A los que buscan la hermosura en la niebla de un poema. A aquellos que cuando tocan una piel comprenden todo.

Y huye. Huye de quien tenga tanta razón que nunca tenga nada. De aquellos que jamás dudan, porque estarán mintiendo. Huye de quien no crea que un Lunes tiene un callejón hacia el Nirvana. De todo aquel que no considere que hay niños…

Y por eso esta letra te canto...

"Hoy me la crucé, con su agobio y sus prisas, que ya de temprano esa es su premisa.
Tobogán de emociones. Ahora sol, ahora sombra.
Y aunque el mundo te pide que seas superwoman, a veces caes a la lona.
Mujeres rotas, sin desconsuelo, siempre a merced del aguacero. Coraza en pecho y alma de mártir. Por fuera fuerte, por dentro frágil.
Y ten estudios. Cuida esos kilos de más. Y ten trabajo y no seas mala madre, que para ti esta despiadada sociedad pide el doble que otros hacen...
Son mujeres que caminan sin saber a donde caminar. Un refugio van buscando en la forma de un abrazo cuando ya no pueden más. Olvidaron de quererse que no hay tiempo para ti. Son tus sueños la utopía en un tren de cercanías que no va a parar aquí. Aun recuerdo cuando eramos chiquillos, esas tardes que hablabas del destino, donde no había ni planchas ni niños ni caminos malditos.
Y aunque sé que me quieres y te quiero, que culpable amor mío me siento."
Tino Tovar - Comparsa El Creador


Lo que Madrid me enseñó.

Odié la ciudad y sus prisas. Odié la ciudad y su cerveza (¿cómo puedes beber eso?). Odié el frío y la ciudad. Odié la ciudad y sus robos. Odié la ciudad y lo grande que esta era. Odié la ciudad y ella me hizo crecer, sobreviviendo. 
Hoy, echo la vista atrás y solo me queda sonreír por todo lo que he vivido. 
¿Siendo sincera? Ha sido un año perrísimo. He tenido días en los que abandonar era mi primera y única opción. He tenido días en los que el miedo me dejaba paralizada entre las cuatro paredes que forman mi habitación. He tenido tanto días de lágrimas que ya he olvidado los motivos por los que lloraba. 
Me quedo con todo el sufrimiento, los días malos y las lágrimas. Me quedo con todos los días en los que he deseado estar en casa, con los míos, cerca y no tan lejos. Me quedo con los días en cama, con fiebre, jaqueca o dolor de ovarios, esos días en los que no había nadie cerca que viniese a darme una pastilla (o un abrazo). Me quedo con su inseguridad, sus tres intentos de robos y …