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La esperanza de no esperar nunca más

Voy buscando un corazón que no me juzgue, que no me haga sufrir, que haga desaparecer mi miedo a descubrir lo loco que fui. 

Hablemos de la esperanza pero no de la que espera sino la que lucha por algo mejor. Y es que jamás lo había pensado así pero tiene razón esa sabia persona que me lo ha dicho esta misma tarde, normalmente esperamos cuando lo que tenemos que hacer es luchar por lo que queremos, por aquellos que 'esperamos'.

Sentada ahí, siempre en con la misma postura, no vas a llegar muy lejos. Sí, quizás tu sueños se hagan realidad pero jamás disfrutarás tanto la victoria como quien lo consigue con sus propias manos, con su propio sudor, con su esfuerzo... 

De un lado a otro, buscando y sin parar de brincar es cuando vas a conseguirlo. 

Solemos esperar grandes milagros para que ocurran ciertas cosas, de hecho nos sentamos a rezar, nos paramos a hablar con nuestros dioses y encendemos velas que colocamos delante de trozos de papel cuando realmente podríamos haber hecho mucho más, antes de llegar hasta ahí. 

La esperanza es un estado de ánimo en el que se nos representa como posible aquello que anhelamos, pero en ningún momento nos dicen que tengamos que esperar sentados, quietos, sin mover un dedo. Debe levantarte y cambiar el mundo, con pequeños detalles... es posible. Yo creo en los (im)posibles.

Deja de esperar señales que te ayuden.


Ilustracion: Conrad Roset

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Sé feliz.

No te fíes de todos aquellos visionarios que hablen de la vida sin caballos galopando en su mirada. 

Ni escuches a quien no alce la vista de vez en cuando para mirarle las bragas a una estrella. No verás a ninguno de ellos llorando de emoción tras un orgasmo por una canasta sobre la bocina del eterno segundón. Sigue el ejemplo de los locos necesarios que se abrochan a la vida cuando quitan un botón, de los que encuentran a Dios al abrir tu cremallera. 

Síguelos a ellos. A los que piensan que solo el amor puede hacer que lo imposible se vuelva a repetir. A los poetas que saben que quien tiene un lápiz tiene un paraíso en el bolsillo. Sigue solo a esos. A los que buscan la hermosura en la niebla de un poema. A aquellos que cuando tocan una piel comprenden todo.

Y huye. Huye de quien tenga tanta razón que nunca tenga nada. De aquellos que jamás dudan, porque estarán mintiendo. Huye de quien no crea que un Lunes tiene un callejón hacia el Nirvana. De todo aquel que no considere que hay niños…

Y por eso esta letra te canto...

"Hoy me la crucé, con su agobio y sus prisas, que ya de temprano esa es su premisa.
Tobogán de emociones. Ahora sol, ahora sombra.
Y aunque el mundo te pide que seas superwoman, a veces caes a la lona.
Mujeres rotas, sin desconsuelo, siempre a merced del aguacero. Coraza en pecho y alma de mártir. Por fuera fuerte, por dentro frágil.
Y ten estudios. Cuida esos kilos de más. Y ten trabajo y no seas mala madre, que para ti esta despiadada sociedad pide el doble que otros hacen...
Son mujeres que caminan sin saber a donde caminar. Un refugio van buscando en la forma de un abrazo cuando ya no pueden más. Olvidaron de quererse que no hay tiempo para ti. Son tus sueños la utopía en un tren de cercanías que no va a parar aquí. Aun recuerdo cuando eramos chiquillos, esas tardes que hablabas del destino, donde no había ni planchas ni niños ni caminos malditos.
Y aunque sé que me quieres y te quiero, que culpable amor mío me siento."
Tino Tovar - Comparsa El Creador


Lo que Madrid me enseñó.

Odié la ciudad y sus prisas. Odié la ciudad y su cerveza (¿cómo puedes beber eso?). Odié el frío y la ciudad. Odié la ciudad y sus robos. Odié la ciudad y lo grande que esta era. Odié la ciudad y ella me hizo crecer, sobreviviendo. 
Hoy, echo la vista atrás y solo me queda sonreír por todo lo que he vivido. 
¿Siendo sincera? Ha sido un año perrísimo. He tenido días en los que abandonar era mi primera y única opción. He tenido días en los que el miedo me dejaba paralizada entre las cuatro paredes que forman mi habitación. He tenido tanto días de lágrimas que ya he olvidado los motivos por los que lloraba. 
Me quedo con todo el sufrimiento, los días malos y las lágrimas. Me quedo con todos los días en los que he deseado estar en casa, con los míos, cerca y no tan lejos. Me quedo con los días en cama, con fiebre, jaqueca o dolor de ovarios, esos días en los que no había nadie cerca que viniese a darme una pastilla (o un abrazo). Me quedo con su inseguridad, sus tres intentos de robos y …