martes, 31 de mayo de 2016

Lo que Madrid me enseñó.

Odié la ciudad y sus prisas. Odié la ciudad y su cerveza (¿cómo puedes beber eso?). Odié el frío y la ciudad. Odié la ciudad y sus robos. Odié la ciudad y lo grande que esta era. Odié la ciudad y ella me hizo crecer, sobreviviendo. 

Hoy, echo la vista atrás y solo me queda sonreír por todo lo que he vivido. 

¿Siendo sincera? Ha sido un año perrísimo. He tenido días en los que abandonar era mi primera y única opción. He tenido días en los que el miedo me dejaba paralizada entre las cuatro paredes que forman mi habitación. He tenido tanto días de lágrimas que ya he olvidado los motivos por los que lloraba. 

Me quedo con todo el sufrimiento, los días malos y las lágrimas. Me quedo con todos los días en los que he deseado estar en casa, con los míos, cerca y no tan lejos. Me quedo con los días en cama, con fiebre, jaqueca o dolor de ovarios, esos días en los que no había nadie cerca que viniese a darme una pastilla (o un abrazo). Me quedo con su inseguridad, sus tres intentos de robos y su noche en la comisaría para denunciar. Me quedo con mi periodo de negación, con mi época de cabeza baja y con la tristeza que por aquel entonces me invadía. Me quedo con los momentos en los que he sentido fracasar. Me quedo con los gritos de mis compañeros de piso y las malas caras. Me quedo con todo el vocabulario madrileño que he adquirido sin darme cuenta, con los laísmos (que nunca dije), con los EJ QUE, con los mazo y la turbiedad del asunto. Me quedo con la distancia...

Pero también me quedo con los domingos de rastro. Con las meriendas de donuts y 'café de maricona'. Me quedo con las horas de skype que parecían no terminar nunca hasta que el primero decidía irse. Me quedo con la 'party animal' en la que siempre era la primera en encontrar a mi pareja. Con la gente de clase y con ese '¡Sevillana!' cuando en realidad soy gaditana. Con las reuniones sicues, con los que conocí más y con los que conocí menos. Con Sara y la fiesta que nos preparó Manuela Carmela para nosotras na más. Me quedo con Reyes y sus visitas a mi habitación. Me quedo con Rayden el primer día. Con Almodóvar y Carlos Vermut. Me quedo con la visita sorpresa de Miguapo. Con 'mi cama kilométrica' y las cuatro personas que cabían en ella. Con Quoncor y su vino azul. Me quedo en Malasaña. Con Toledo, Alcalá de Henares, con la Sierra, el Escorial, Casa de Campo y todos esos viajes que nunca hicimos. Me quedo con María y todo el odio que le tengo. Me quedo con todas y cada una de las tiendas de ropa maravillosas que he descubierto. Con el Primark gigante y con todas las tiendas de maquillaje en las que he dejado mi dinero. Me quedo con el Retiro, su Palacio de Cristal y mis ganas de enamorarme cada vez que vuelva a pasear por allí, como lo hice la primera vez. Me quedo con los días de lluvia, con todos los abrigos y con la nieve improvisada en el centro de Madrid. Me quedo con los libros, las películas y los recuerdos. Me quedo con las fotos, los momentos y las risas. Me quedo con la decisión que tomé y con haber sido capaz de empezar y terminar. Me quedo con nuestro rincón de Madrid en el que querernos eternamente...

Me quedo con un sabor agridulce en la boca porque quiero volver con los míos pero es cierto que es difícil irse de la que ha sido tu casa durante 9 meses (lo hayas pasado mejor o peor).

Porque lo que sí es cierto es que me quedo con todo, porque de todo he aprendido. He salido de mi zona de confort y he experimentado lo que es 'madurar' o 'crecer como persona', como si estuvieran estirando tus brazos y tus piernas para intentar hacerte más alta a la fuerza. Porque ahora tengo menos miedo y me veo capaz de afrontar casi cualquier situación; porque volveré Madrid y esa será la definitiva. He aprendido a controlar mi ansiedad. He aprendido lo mucho que duele la distancia y lo que significa tener lejos a la persona que te quiere; también me ha enseñado que no todo el mundo es lo que aparenta. Este año no solo he crecido como persona o madurado, sino que he aprendido cosas esenciales en la vida de una persona como a querer de verdad, a valorar a quienes te rodean y que por muy lejos que estemos y mucho tiempo que pasemos sin vernos, la amistad sigue ahí... hermana, más fuerte que nunca. 

Pero que no solo ha sido un año perrísimo para mi, lo ha sido para todos pero a su manera. Que no quiero ser la excepción que provoque el llanto.

No voy a poner el punto final sin dar las gracias a todas esas personas que han estado ahí, en la distancia o en una cafetería con un café, aguantando mis buenos días y los malos... porque irse lejos de casa no siempre es fácil. 

Me quedo con todas las oportunidades de crecer que me has dado, Madrid.


Esto no es un adiós, es un 'hastalogo tronco'

Ah! El laísmo os lo dejo para vosotros junto a la Mahou, 
que no me caben más cosas en la maleta.